miércoles, 18 de abril de 2012
¿Entonces? Es el primer momento después de meses en el que encuentro una palabra escrita que no entiendo, tantas no he entendido y sigo sin entender, pero aún así la tristeza de una nota existe sin embargo no hay lágrimas. Decadencia de día y el hermoso sonar de la lluvia sobre las laminas de la habitación en la que una vez el sonido de tu voz se perdió. Silencio es lo único que se escucha en esta habitación vacía. Buscando en el baúl la secuencia de fotografías, encontré la fotografía que la soledad me tomo años atrás, rodeada de la nada, perdida entre un volcán de ¿recuerdos? ¿pensamientos? ¿imágenes ficticias? ¿ilusiones? que aún no puedo descifrar. Intente abrazar a la oscuridad, al silencio, a la distancia, pero la soledad termino por abrazarme y sumergirme entre la inevitable mezcla de lo que intente sostener, cuando finalmente me solto, la tristeza se adueño de mis brazos y mis ojos cerrados se quedaron, ya no hubo más luz. He visto las alboradas, las auroras boreales, he visto un atardecer naranja, uno rosa, uno gris, otro púrpura, todas las veces de distintos colores, ahora me niego a verlos una vez más. ¿Recordas la melodía de aquella vieja sinfonía? Algunas veces pienso en los días, otras pienso en sueños, otras en sentimientos y pensamientos, en pasajes presentes, futuros y pasados, sin hoy, sin después, sin antes, sueños de verano, tardes de verano, mañanas escondidas tras la bruma, ¿tiempo? Tiempo y más tiempo ...
martes, 17 de abril de 2012
Una noche de abril
Temprano, la niebla rodea el ambiente después de despertar de un sueño interminable durante una noche de lluvia de abril, ¿has decido? Finalmente entendiste que debías irte lejos, pero regresaste una vez más. A pesar de los años aún guardabas la esperanza de encontrar una sonrisa dibujada en su rostro. ¿Recordas que fui yo quien le puso sus zapatos en sus diminutos pies? Sus calcetas rosadas y sus zapatos blancos con dibujitos, esos los ate yo mientras vos te despedías en la puerta, intentando no llorar.
Mientras mi madre me preguntaba si mi padre había regresado, me contaba que cuando manejaba hacia San José, habían robado su auto y decidio ir a buscarlo después de recoger a Javier, a ella le parecía imprudente y estúpida la idea de ir tras unos bandalos y llevar consigo a Javier. La primera vez que vos decidiste dejarlo, abandonaste la casa por la mañana, te llevaste a tu hija y saliste decidida. Por el camino de tierra pude ver a Javier acercándose a la casa vieja que si no mal recuerdo ahora tendrá unos setenta años de haber sido construida, es de aquellas casas de cuento en medio de un bosque, con un pasillos largos y jardines extensos, una puerta de malla entre abierta, yo me encuentro sentada viendo como Javier camina hacia dónde estoy. Una vez más vos estas en la puerta de la casa de dos niveles mientras yo te observo y tu hija corre a sentarse junto a mí descalza, mi madre me ha dicho que no sabe que pasa por la mente de mi padre que a decidido mandar a Javier caminando desde el pueblo. Con atención te vuelvo a ver, vas saliendo de la casa con tu bolsa negra colgada en el brazo izquierdo y tu maleta en la otra. Las calcetas de tu hija son cortas, ha crecido y le quedan ajustadas. Él sale tras de vos al darse cuenta que te vas, acaba de salir de la ducha, solo lleva puesta una toalla azul. Parece que Javier no llega, no se acerca, solo camina pero no avanza. La primera vez que dijiste que te ibas, me dijiste que tomara el tranvía que pasa por el redondel, yo llevaba a tu hija en brazos pero olvidaste mencionar que tenía que portar mi tarjeta para poder abordar. Mi madre se ha ido. Él se acerca a hablarte, no dices nada, te das la vuelta y lo dejas, su mirada es triste. Le he puesto sus zapatos a tu hija, ella los ve, yo los veo, la tomo de la mano y caminamos por la terracería. Todo esto en una noche lejana de abril.
Mientras mi madre me preguntaba si mi padre había regresado, me contaba que cuando manejaba hacia San José, habían robado su auto y decidio ir a buscarlo después de recoger a Javier, a ella le parecía imprudente y estúpida la idea de ir tras unos bandalos y llevar consigo a Javier. La primera vez que vos decidiste dejarlo, abandonaste la casa por la mañana, te llevaste a tu hija y saliste decidida. Por el camino de tierra pude ver a Javier acercándose a la casa vieja que si no mal recuerdo ahora tendrá unos setenta años de haber sido construida, es de aquellas casas de cuento en medio de un bosque, con un pasillos largos y jardines extensos, una puerta de malla entre abierta, yo me encuentro sentada viendo como Javier camina hacia dónde estoy. Una vez más vos estas en la puerta de la casa de dos niveles mientras yo te observo y tu hija corre a sentarse junto a mí descalza, mi madre me ha dicho que no sabe que pasa por la mente de mi padre que a decidido mandar a Javier caminando desde el pueblo. Con atención te vuelvo a ver, vas saliendo de la casa con tu bolsa negra colgada en el brazo izquierdo y tu maleta en la otra. Las calcetas de tu hija son cortas, ha crecido y le quedan ajustadas. Él sale tras de vos al darse cuenta que te vas, acaba de salir de la ducha, solo lleva puesta una toalla azul. Parece que Javier no llega, no se acerca, solo camina pero no avanza. La primera vez que dijiste que te ibas, me dijiste que tomara el tranvía que pasa por el redondel, yo llevaba a tu hija en brazos pero olvidaste mencionar que tenía que portar mi tarjeta para poder abordar. Mi madre se ha ido. Él se acerca a hablarte, no dices nada, te das la vuelta y lo dejas, su mirada es triste. Le he puesto sus zapatos a tu hija, ella los ve, yo los veo, la tomo de la mano y caminamos por la terracería. Todo esto en una noche lejana de abril.
domingo, 15 de abril de 2012
Quién formara parte de una legión que ansia la libertad más que la vida entendería, pero no sé si realmente se hable de entender o querer ser entendido se habla de no querer algo porque parece ser otra prisión más, en prisiones vivimos, de días y noches, el tiempo en si mismo es una prisión, la vida, porque no se puede decidir que vida vivir, es de esas preguntas que surgen durante el día, quizá a mitad de noche, cuando despiertas o cuando duermes, en sueños y realidades, simple ansia de libertad, cuándo preguntas por ella, todos dicen estar bien con lo que tienen y lo que hacen, esas son las diferencias, quitar algo o seguir cargando con lo mismo, ahora, tenemos el problema de querer algo que es imposible creo que lo has notado, los años han pasado, aunque vos no pareces notarlo, ¿cuándo fue la última vez que me viste vagando acá, por las calles de Madrid? Hoy te he visto a través de la ventana en el reflejo de otra, sentado, tranquilo, con tu cigarrillo en la mano leyendo un drama de Shakespeare.
lunes, 16 de enero de 2012
Te muestras como algo ajeno a este mundo, ¿de dónde procedes?, un umbral de luz se extiende por toda la habitación adormecida enlazada para siempre en la dispersión del pensamiento y se escucha la alucinación de la misma melodía que sonó durante tu partida. Se desvía el pensamiento de la vida que no me corresponde y dramatiza la idea de querer tocarte, contemplado tu imagen fija desvaneciéndose, se suprime tu ser y también el mío, vana mi credulidad, vanos mis temores y pensamientos, vana esta insignificante vida en la que estoy caminando todo producto de una fantasía que como si de realidades se tratara me muestra imágenes verídicas además de un espacio proyectado. Desprecias la noche y el día, desprecias mis pensamientos y los tuyos, desprecias el estado aparente de mi alma, demostras nada. El tiempo puede probarte, seducirte, enredarte, atarte a una alegría, a una lágrima, no existe el despertar porque te desconecta, te aísla de todo el alrededor, de toda esta falsa existencia y sin embargo, aún así, te abrazo, te beso y entre tus brazos duermo y descanso tras largas noches de insomnio que me hundieron en la ansiedad de luces de media noche y gotas de lluvia a las dos de la mañana. Hoy por fin descanso.
Contando tu historia de una tarde a solas
Pero mientas avanza la tarde y en general el día lo que fue delirio y obsesión se vuelve algo simple que se adhiere al día y se vuelve algo similar a una rutina sin sentido. Hablaban de sentimientos todos escritos en la pared con un dibujo que se supone representa con una palabra eso que dice ser un sentimiento. Si te fijas en el sonido escucharas el sonar del aire del ventilador y al mismo tiempo escuchas ascender o quizá descender a un avión, al fondo entre cristales y techo falso una imagen de una estatua que realmente es la estatua tuya, de tu cuerpo desnudo, una maceta con plantas secas y una cubeta azul que debería tener agua para alimentar el suelo de una naturaleza muerta, un farol apagado, sin luz, aunque por el momento no se necesita. Además, no olvides los animales bajo un fondo verde, quizá rosa o azul, una mariposa, más insectos, ¿una morsa o una foca?. Aún se escucha el sonido del ventilador y el reloj que había dejado de marcar la hora hoy la vuelve a marcar y se escucha una vez más su lejano sonido cuando avanza, interrupción momentánea. Por un instante dejas el lápiz e intentas recordar unas cuantas letras, ahora es más difícil construir una historia, pero hablabas del reloj y la minutera avanzando, espero que no olvides mencionar la pintura tras de vos, ¡no es una pintura, es solo una foto de San Francisco!. Se te olvidan las historias de las noches y estas tardes que hoy olvido en compañía de cinco extraños, ¿cinco extraños? los he contado mal, son seis. Hablan de vanas esperanzas de días por venir, de un futuro no muy lejano, quizá no cercano, mientras escuchas las voces de esos extraños, el lápiz y vos se vuelven uno y en la hoja totalmente blanca al inicio se empiezan a ver los trazos de una planta con pocas flores y sus hojas vistiendo las ramas desnudas y secas, las hojas te observan, me observan, porque vos a mí no me ves ni me escuchas, pero tus trazos siguen tras de mí.
Algunas veces el pensamiento te lleva de un lugar a otro, quizá te detienes a ver al que esta enfrente o tu vista se clava en la ventana en un punto especifico, en medio de la nada, las palabras se acaban, no dices nada, una vez más el silencio te acoge en sus brazos, te mece y te sumerge en un sueño profundo, se evapora la tranquilidad de la tarde, así como la espuma en algún momento se disipa y deja ver tras de ella solamente el agua que quizá este limpia o quizá este sucia, más allá de una pared u otra, los sonidos se hacen uno mientras yo sigo contemplando tu mirada perdida en el tiempo y el espacio y mis labios intentando decir una palabra para traerte una vez más a esta realidad que en espacio físico compartimos, sin embargo siento que no regresaras, que tus lágrimas y sonrisas se han marchado una vez más y esta vez para siempre.
viernes, 13 de enero de 2012
Cerrando las más importantes puertas al mundo exterior, de nuevo esperando el tren que me llevará a un lugar lejano y desconocido en el que mis alas podre extender, conciliando el reposo de anocheceres y suprimiendo en absoluto el despertar, fuentes de sueños, series de estados de tempestad en un día soleado, solo se necesita una puerta para poder escapar y quizá existir. Caer desde lo alto de un muro elevado, tijeras y tejados, noches de luz, días de sol y de lluvia y en la alcoba suena el reloj despertador robando tiempo al tiempo, oscuridad a la noche y un rayito de luz al día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)